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Para las elecciones del 2005, donde se enfrentaron por la gubernatura del Estado Ney González y el Dr. Miguel Ángel Navarro, fue el primero quien obtuvo una cuestionada victoria. En aquella jornada electoral, la “Alianza por Nayarit”, integrada por el PRD, PT y PRS, sólo obtuvo un triunfo electoral en las elecciones municipales, esto fue en Tuxpan, donde postularon como su candidato a Eduardo “El loco” Valenzuela. El entonces gobernador, Ney González, le cobró caro esa victoria y amén de los conflictos propios que suelen envolver a cada administración municipal, desde palacio de gobierno se movió el avispero que eventualmente dio lugar a la separación del cargo de Valenzuela Armas. Siendo diputado federal por el PRD, el doctor Navarro acusó al gobierno estatal de encabezar una persecución política contra un alcalde que había triunfado en las urnas gracias al movimiento que él había encabezado un par de años antes.

¿Por qué relato lo anterior? Porque me es imposible no encontrar un paralelismo con lo que viene ocurriendo en Tuxpan desde el fin de semana pasado. José Luis Tovar, igual que Eduardo Valenzuela hace 17 años, fue el único alcalde en triunfar por las filas de Movimiento Ciudadano, la fuerza política que quedó en segundo lugar y que mayor oposición representó en las elecciones del 2021 a MORENA y sus aliados. Las vueltas de la vida llevaron a aquel combativo diputado federal que antes señalaba la persecución, a constituirse en el nuevo persecutor.

Sin meter las manos a la hoguera por la inocencia del presidente Tovar, creo que no es sano para el Estado de Derecho ni para la democracia en Nayarit, generar la percepción de que las instituciones de procuración de justicia están para perseguir opositores al régimen. Si el doctor Navarro y sus subalternos quieren contrastar esta percepción, deben asumir el control de la seguridad en los municipios de Tepic, donde abundan las acusaciones de extorciones institucionales por parte de los mandos de seguridad pública y donde se han multiplicado sospechosamente los puntos de venta de sustancias ilícitas; se debe también asumir la seguridad en Ruiz y Rosamorada, donde prácticamente es el crimen organizado quien dicta la política de seguridad, a decir de los habitantes de esos municipios. Deben separar de su cargo también, igual que a José Luis Tovar a Geraldine Ponce y a su jefe de gabinete, Alejandro Galván, a Mirtha Villalbazo por la ingobernabilidad que mantiene en Bahía de Banderas y a Romina Chang por hacer lo propio en Compostela. Como ya mencioné líneas atrás, debiera suceder lo mismo con Óscar Flores, presidente municipal de Ruiz y con Alfonso Galván, el también polémico alcalde de Rosamorada. Para ellos, claro está, no aplica la misma severidad. ¿Tecuala? Lo de Tecuala fue otro golpe político contra el magisterio, no nos confundamos, si Gabino Jiménez no hubiera llegado a la presidencia municipal por Nueva Alianza, sino por el PT, el Verde o MORENA, le seguiríamos viendo tan campante como a otros alcaldes señalados de delitos, pero cubiertos por el manto guinda de la impunidad.

Mención aparte merece lo ocurrido con Alfredo González y Aarón Ocegueda, quienes hoy cargan con la pesada loza de ser los judas de esta historia que mucho nos recuerda a tramas similares que ocurrieron en los mejores días de Edgar Veytia como fiscal del Estado.

Respecto de José Luis Tovar, se antoja muy complicado que pueda volver a ejercer sus funciones como alcalde. Será perseguido político lo que resta del sexenio, pero después del 2027, cuando haya salido el actual régimen del Poder, quizá lo veamos nuevamente en una boleta electoral, después de todo, si algo nos enseña la historia es, que cuando no se aprende de ella, invariablemente está condenada a repetirse.

PD. Una propuesta seria que deberían tomar en cuanta los postulantes para la elección del 2027 sería la de quemar la silla del gobernador del estado. Dicho mueble me hace recordar aquel pasaje histórico donde Emiliano Zapata declinó la invitación de Francisco Villa a posar para una fotografía sentado en la silla presidencial, aduciendo que la misma estaba embrujada pues quienes se sentaban en ella terminaban siendo consumidos por sus ambiciones. Me cuesta dar crédito a que un hombre como el Dr. Navarro, noble y probo como le conocimos durante casi 2 décadas, se haya transformado tanto desde que se instaló en el despacho principal de palacio de gobierno. Todavía hoy, me inclino por pensar que delega en alguien más ese tipo de decisiones y que se aprovechan de su confianza mientras él busca, en la ciudad de México, cerrar los acuerdos que lo lleven a ocupar la anhelada secretaría de salud en el próximo gobierno federal. En la naturaleza del amigo que conocimos, no cabía el rencor ni la revancha, sentimientos que parecen motivar muchas de las decisiones de esta administración ¿Quién será la eminencia gris del edificio de la avenida México entre Abasolo y Mina?

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