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Una mañana de sol, al llegar la primavera, con el alma en bandolera se marchó...

Cuando un amigo se va

(EXCLUSIVO)
Por Rodrigo de la Cadena*
Una ma||ntilde;ana de sol, al llegar la primavera, con el alma en bandolera se march||oacute;…
||rdquo;Yo lo sent||iacute;a como mi amigo, aunque nunca lo conoc||iacute;||rdquo;, me dice, notablemente estremecida, una mujer al enterarse de la noticia del deceso del poeta y cantor Alberto Cortez, la voz de la amistad, este jueves pasado. Y es que es el ||uacute;nico artista latinoamericano del que todos podemos sentirnos amigo. Qu||eacute; cosas tiene la vida…
Desde ni||ntilde;o, sin importarme las imputaciones de anacr||oacute;nico por parte de muchos, conoc||iacute; al autor de ||ldquo;Mi ||aacute;rbol y yo||rdquo; 20 a||ntilde;os antes de que la vida me concediera el designio divino de estrechar sus finas y largas manos, y es que el embrujo de su glosa y el hechizo mel||oacute;dico de su inspiraci||oacute;n hac||iacute;an que una canci||oacute;n suya nos llevara, inexorablemente, a la otra, descubriendo en cada libaci||oacute;n del elixir exquisito de su poes||iacute;a al ser humano asombroso que desnudaba su propia existencia a trav||eacute;s de las vivencias de los dem||aacute;s.
El cantor de las simples cosas supo vestirse de diferentes prendas, sus pies calzaron los zapatos del alma sabiendo ser ||eacute;l cada uno de nosotros. Ese ser irremediablemente sensible por la naturaleza de su condici||oacute;n bohemia. En el amor, nuestro incansable trovador nos reinterpreta a nosotros mismos con la esperanza de abrir ventanas fabulosas abrevando en cada romance, haci||eacute;ndonos llegar una rosa cada d||iacute;a, una rosa que hoy el mundo de habla hispana exige urgentemente a manera de esa silente compa||ntilde;||iacute;a porque hoy, a solas, m||aacute;s que nunca nos duele la nostalgia. Alberto se bebi||oacute; de golpe todas las estrellas, se qued||oacute; dormido y ya no despert||oacute;.
M||eacute;xico fue uno de los escenarios m||aacute;s decisivos e influyentes en la vida privada y profesional de Alberto Cortez. Su inquieta inspiraci||oacute;n lo llev||oacute; a conquistar y redescubrir nuestro bagaje sentimental a trav||eacute;s de la voz de nuestros pueblos y voces tantas; enriqueci||eacute;ndose de la prosa de Paz, la poes||iacute;a de Sabines, la sabidur||iacute;a de Jos||eacute; Alfredo, la m||uacute;sica de Lara o el caudaloso romanticismo de ||Aacute;lvaro Carrillo.
Qu||eacute; suerte he tenido de nacer…
Es la tercera llamada. El p||uacute;blico fiel, incluy||eacute;ndome, aguarda la salida a proscenio del inmaculado compositor sin saber que ser||aacute; esta su ||uacute;ltima comuni||oacute;n con la audiencia que por tantos a||ntilde;os lo sigui||oacute; aprendi||eacute;ndolo a querer cada d||iacute;a m||aacute;s, apoyando incondicionalmente su menguado estado de salud. A sus casi 79, las limitaciones propias de su desgaste f||iacute;sico no fueron impedimento para que su enorme e infatigable entrega se tornara en una simbiosis entre ||eacute;l y nosotros, quienes durante una hora y media de espect||aacute;culo convertimos el teatro en un aut||eacute;ntico rinc||oacute;n del alma. No obstante los a||ntilde;os y las interminables presentaciones por todo el mundo, su sinceridad y amor por el arte nunca se extingui||oacute;. Aqu||iacute; es donde diferenciamos entre un cantante de oficio y el artista consagrado que llen||oacute; jubilosamente nuestros espacios vac||iacute;os, como el primer d||iacute;a. Vientos, campos y caminos, distancia; ||iexcl;Qu||eacute; cantidad de recuerdos!
Nuestro Alberto, argentino y ciudadano del mundo, nos instruy||oacute; a no llamarle extranjero. Sus inicios se remontan a los a||ntilde;os 60 c||oacute;mo baladista e ||iacute;dolo de la juventud. Posteriormente interpret||oacute; y compuso boleros como ||ldquo;Un cigarrillo, la lluvia y t||uacute;||rdquo;. El tango siempre estuvo presente en su manifestaci||oacute;n emocional. Su carisma lo llev||oacute; de la mano a recibir el a||ntilde;orado y furtivo abrazo de Am||eacute;rica. Sus canciones lo definieron mejor que nadie y se convirtieron en un postulado filos||oacute;fico. Sus frases maestras hoy son axiomas y m||aacute;ximas; indiscutibles proezas de la l||iacute;rica. Multimillonaria fue la sensible herencia de la uni||oacute;n de Facundo Cabral y Alberto Cortez; dupla luminosa que entre cortes||iacute;as y cabralidades nos dej||oacute; muy en claro que lo Cortez no quita lo Cabral.
Tuve el gusto de disfrutarlo en M||eacute;xico en casi una decena de c||eacute;lebres presentaciones, distintas todas, ||uacute;nicas en su car||aacute;cter de personalidad. Alberto fue el mejor interprete de s||iacute; mismo. Siempre tuvo algo nuevo que decir a trav||eacute;s de su pensamiento hecho canci||oacute;n. En Estela Raval encontr||oacute; a una gran amiga con quien present||oacute; durante a||ntilde;os una exitosa gira internacional. En los ||uacute;ltimos a||ntilde;os nuestro bardo solt||oacute; la guitarra, dej||oacute; de lado los ensambles musicales y las grandes orquestas para hacerse acompa||ntilde;ar del piano, el rey de los instrumentos. Pianistas virtuosos compaginaron con la voz vigorosa, vibrante y recia del constructor de castillos en el aire, logrando que piano y voz se fundieran aleg||oacute;ricamente en un crisol redentor. Menci||oacute;n aparte merece el delicado y creativo tratamiento arm||oacute;nico de sus canciones, a las que supo elegir la m||uacute;sica adecuada para cada pasaje, atinadamente, entre el vals, tango, bolero, balada, canci||oacute;n criolla o una romanza. No conozco a un s||oacute;lo seguidor de Alberto que no haya alguna vez esbozado una l||aacute;grima como producto de los mensajes impl||iacute;citos en la obra del gran autor.
||iquest;Qui||eacute;n nos hablara ahora de Mariana, Juan Golondrina, el viejo Pablo (Callejero), Gustavo (Me llevar||eacute; conmigo), Juan Golondrina o Goyo (Qu||eacute; maravilla)? ||iquest;Qui||eacute;n nos har||aacute; el esperado recorrido al l||iacute;mite del patio por los viejos andenes alent||aacute;ndonos a caminar siempre adelante? Cada canci||oacute;n tuya, Alberto, quedar||aacute; como un himno infinito.
Confieso que no me gusta compartir a mi Alberto, incluso los invito a hacer lo propio, a no hablar de ||eacute;l a quienes no lo conocieron. Dejemos que el banquete de su legado siga siendo fest||iacute;n de pocos.
Nunca tuvo hijos, abord||oacute; po||eacute;ticamente m||uacute;ltiples formas del erotismo, explorando las emociones de terceros, viviendo en una calle sin esquinas y volando con sus alas luminosas entre espejos sugestivos de colores. Alberto le cant||oacute; al abuelo, al padre, al callejero, a la distancia, a la copla, al campo, a los dem||aacute;s, a los aromas, al hermano, al amigo, la locura, el suicidio, las aves, la marea, los oficios, el perro, la guitarra, el amor desolado, las ciudades del mundo, a la vida y a la muerte. En la sinfon||iacute;a de su legado predominaron, como el leitmotiv de sus historias, la soledad y la ternura, esa ternura que hoy nos adeuda a sus amigos y seguidores.
Qu||eacute; raz||oacute;n ten||iacute;as, querido Alberto. El vino puede sacar cosas que el hombre se calla, Que debieran salir cuando el hombre bebe agua… Hoy brindar||eacute; por ti con el mejor vino y las mejores manzanas para poner a bailar mi pena, descalza.
Buen viaje, hermano Alberto. Te quiero siempre mucho y esto dicho de hombre a hombre, a la manera de tus canciones. Te env||iacute;o mi mejor abrazo y mi ternura, que por mucha que es, nunca alcanzar||aacute; a cubrir la tuya (…)
||ldquo;Cuando un amigo se va queda un espacio vac||iacute;o que no lo puede llenar la llegada de otro amigo…||rdquo;
||iexcl;Ni una l||iacute;nea m||aacute;s!
* El autor del texto es productor y cantante. rodrigodelacadena@yahoo.com

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||rdquo;Yo lo sent||iacute;a como mi amigo, aunque nunca lo conoc||iacute;||rdquo;, me dice, notablemente estremecida, una mujer al enterarse de la noticia del deceso del poeta y cantor Alberto Cortez, la voz de la amistad, este jueves pasado. Y es que es el ||uacute;nico artista latinoamericano del que todos podemos sentirnos amigo. Qu||eacute; cosas tiene la vida...
Desde ni||ntilde;o, sin importarme las imputaciones de anacr||oacute;nico por parte de muchos, conoc||iacute; al autor de ||ldquo;Mi ||aacute;rbol y yo||rdquo; 20 a||ntilde;os antes de que la vida me concediera el designio divino de estrechar sus finas y largas manos, y es que el embrujo de su glosa y el hechizo mel||oacute;dico de su inspiraci||oacute;n hac||iacute;an que una canci||oacute;n suya nos llevara, inexorablemente, a la otra, descubriendo en cada libaci||oacute;n del elixir exquisito de su poes||iacute;a al ser humano asombroso que desnudaba su propia existencia a trav||eacute;s de las vivencias de los dem||aacute;s.
El cantor de las simples cosas supo vestirse de diferentes prendas, sus pies calzaron los zapatos del alma sabiendo ser ||eacute;l cada uno de nosotros. Ese ser irremediablemente sensible por la naturaleza de su condici||oacute;n bohemia. En el amor, nuestro incansable trovador nos reinterpreta a nosotros mismos con la esperanza de abrir ventanas fabulosas abrevando en cada romance, haci||eacute;ndonos llegar una rosa cada d||iacute;a, una rosa que hoy el mundo de habla hispana exige urgentemente a manera de esa silente compa||ntilde;||iacute;a porque hoy, a solas, m||aacute;s que nunca nos duele la nostalgia. Alberto se bebi||oacute; de golpe todas las estrellas, se qued||oacute; dormido y ya no despert||oacute;.
M||eacute;xico fue uno de los escenarios m||aacute;s decisivos e influyentes en la vida privada y profesional de Alberto Cortez. Su inquieta inspiraci||oacute;n lo llev||oacute; a conquistar y redescubrir nuestro bagaje sentimental a trav||eacute;s de la voz de nuestros pueblos y voces tantas; enriqueci||eacute;ndose de la prosa de Paz, la poes||iacute;a de Sabines, la sabidur||iacute;a de Jos||eacute; Alfredo, la m||uacute;sica de Lara o el caudaloso romanticismo de ||Aacute;lvaro Carrillo.
Qu||eacute; suerte he tenido de nacer...
Es la tercera llamada. El p||uacute;blico fiel, incluy||eacute;ndome, aguarda la salida a proscenio del inmaculado compositor sin saber que ser||aacute; esta su ||uacute;ltima comuni||oacute;n con la audiencia que por tantos a||ntilde;os lo sigui||oacute; aprendi||eacute;ndolo a querer cada d||iacute;a m||aacute;s, apoyando incondicionalmente su menguado estado de salud. A sus casi 79, las limitaciones propias de su desgaste f||iacute;sico no fueron impedimento para que su enorme e infatigable entrega se tornara en una simbiosis entre ||eacute;l y nosotros, quienes durante una hora y media de espect||aacute;culo convertimos el teatro en un aut||eacute;ntico rinc||oacute;n del alma. No obstante los a||ntilde;os y las interminables presentaciones por todo el mundo, su sinceridad y amor por el arte nunca se extingui||oacute;. Aqu||iacute; es donde diferenciamos entre un cantante de oficio y el artista consagrado que llen||oacute; jubilosamente nuestros espacios vac||iacute;os, como el primer d||iacute;a. Vientos, campos y caminos, distancia; ||iexcl;Qu||eacute; cantidad de recuerdos!
Nuestro Alberto, argentino y ciudadano del mundo, nos instruy||oacute; a no llamarle extranjero. Sus inicios se remontan a los a||ntilde;os 60 c||oacute;mo baladista e ||iacute;dolo de la juventud. Posteriormente interpret||oacute; y compuso boleros como ||ldquo;Un cigarrillo, la lluvia y t||uacute;||rdquo;. El tango siempre estuvo presente en su manifestaci||oacute;n emocional. Su carisma lo llev||oacute; de la mano a recibir el a||ntilde;orado y furtivo abrazo de Am||eacute;rica. Sus canciones lo definieron mejor que nadie y se convirtieron en un postulado filos||oacute;fico. Sus frases maestras hoy son axiomas y m||aacute;ximas; indiscutibles proezas de la l||iacute;rica. Multimillonaria fue la sensible herencia de la uni||oacute;n de Facundo Cabral y Alberto Cortez; dupla luminosa que entre cortes||iacute;as y cabralidades nos dej||oacute; muy en claro que lo Cortez no quita lo Cabral.
Tuve el gusto de disfrutarlo en M||eacute;xico en casi una decena de c||eacute;lebres presentaciones, distintas todas, ||uacute;nicas en su car||aacute;cter de personalidad. Alberto fue el mejor interprete de s||iacute; mismo. Siempre tuvo algo nuevo que decir a trav||eacute;s de su pensamiento hecho canci||oacute;n. En Estela Raval encontr||oacute; a una gran amiga con quien present||oacute; durante a||ntilde;os una exitosa gira internacional. En los ||uacute;ltimos a||ntilde;os nuestro bardo solt||oacute; la guitarra, dej||oacute; de lado los ensambles musicales y las grandes orquestas para hacerse acompa||ntilde;ar del piano, el rey de los instrumentos. Pianistas virtuosos compaginaron con la voz vigorosa, vibrante y recia del constructor de castillos en el aire, logrando que piano y voz se fundieran aleg||oacute;ricamente en un crisol redentor. Menci||oacute;n aparte merece el delicado y creativo tratamiento arm||oacute;nico de sus canciones, a las que supo elegir la m||uacute;sica adecuada para cada pasaje, atinadamente, entre el vals, tango, bolero, balada, canci||oacute;n criolla o una romanza. No conozco a un s||oacute;lo seguidor de Alberto que no haya alguna vez esbozado una l||aacute;grima como producto de los mensajes impl||iacute;citos en la obra del gran autor.
||iquest;Qui||eacute;n nos hablara ahora de Mariana, Juan Golondrina, el viejo Pablo (Callejero), Gustavo (Me llevar||eacute; conmigo), Juan Golondrina o Goyo (Qu||eacute; maravilla)? ||iquest;Qui||eacute;n nos har||aacute; el esperado recorrido al l||iacute;mite del patio por los viejos andenes alent||aacute;ndonos a caminar siempre adelante? Cada canci||oacute;n tuya, Alberto, quedar||aacute; como un himno infinito.
Confieso que no me gusta compartir a mi Alberto, incluso los invito a hacer lo propio, a no hablar de ||eacute;l a quienes no lo conocieron. Dejemos que el banquete de su legado siga siendo fest||iacute;n de pocos.
Nunca tuvo hijos, abord||oacute; po||eacute;ticamente m||uacute;ltiples formas del erotismo, explorando las emociones de terceros, viviendo en una calle sin esquinas y volando con sus alas luminosas entre espejos sugestivos de colores. Alberto le cant||oacute; al abuelo, al padre, al callejero, a la distancia, a la copla, al campo, a los dem||aacute;s, a los aromas, al hermano, al amigo, la locura, el suicidio, las aves, la marea, los oficios, el perro, la guitarra, el amor desolado, las ciudades del mundo, a la vida y a la muerte. En la sinfon||iacute;a de su legado predominaron, como el leitmotiv de sus historias, la soledad y la ternura, esa ternura que hoy nos adeuda a sus amigos y seguidores.
Qu||eacute; raz||oacute;n ten||iacute;as, querido Alberto. El vino puede sacar cosas que el hombre se calla, Que debieran salir cuando el hombre bebe agua... Hoy brindar||eacute; por ti con el mejor vino y las mejores manzanas para poner a bailar mi pena, descalza.
Buen viaje, hermano Alberto. Te quiero siempre mucho y esto dicho de hombre a hombre, a la manera de tus canciones. Te env||iacute;o mi mejor abrazo y mi ternura, que por mucha que es, nunca alcanzar||aacute; a cubrir la tuya (...)
||ldquo;Cuando un amigo se va queda un espacio vac||iacute;o que no lo puede llenar la llegada de otro amigo...||rdquo;
||iexcl;Ni una l||iacute;nea m||aacute;s!
* El autor del texto es productor y cantante. rodrigodelacadena@yahoo.com

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